Jorge Alberto's profileCiudad Sin NombrePhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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Ciudad Sin Nombredonde seres sin rostro deambulan sin saber o sabiendo qué mapas desdibujan nuestros pasos en la niebla... 5/6/2006 Rudyard kipling - IF.../SI...IF...
If you can keep your head when all about you Are losing theirs and blaming it on you, If you can trust yourself when all men doubt you But make allowance for their doubting too, If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don't deal in lies, Or being hated, don't give way to hating, And yet don't look too good, nor talk too wise: If you can dream--and not make dreams your master,
If you can think--and not make thoughts your aim; If you can meet with Triumph and Disaster And treat those two impostors just the same; If you can bear to hear the truth you've spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools, Or watch the things you gave your life to, broken, And stoop and build 'em up with worn-out tools: If you can make one heap of all your winnings
And risk it all on one turn of pitch-and-toss, And lose, and start again at your beginnings And never breath a word about your loss; If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone, And so hold on when there is nothing in you Except the Will which says to them: "Hold on!" If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with kings--nor lose the common touch, If neither foes nor loving friends can hurt you; If all men count with you, but none too much, If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds' worth of distance run, Yours is the Earth and everything that's in it, And--which is more--you'll be a Man, my son! SI...
Si puedes mantener intacta tu firmeza cuando todos vacilan a tu alrededor Si cuando todos dudan, fías en tu valor y al mismo tiempo sabes exaltar su flaqueza Si sabes esperar y a tu afán poner brida
O blanco de mentiras esgrimir la verdad O siendo odiado, al odio no le das cabida y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad Si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey
Si piensas y el pensar no mengua tus ardores Si el triunfo y el desastre no te imponen su ley y los tratas lo mismo como dos impostores. Si puedes soportan que tu frase sincera
sea trampa de necios en boca de malvados. O mirar hecha trizas tu adora quimera y tornar a forjarla con útiles mellados. Si todas tu ganancias poniendo en un montón
las arriesgas osado en un golpe de azar y las pierdes, y luego con bravo corazón sin hablar de tus perdidas, vuelves a comenzar. Si puedes mantener en la ruda pelea
alerta el pensamiento y el músculo tirante para emplearlo cuando en ti todo flaquea menos la voluntad que te dice adelante. Si entre la turba das a la virtud abrigo
Si no pueden herirte ni amigo ni enemigo Si marchando con reyes del orgullo has triunfado Si eres bueno con todos pero no demasiado Y si puedes llenar el preciso minuto
en sesenta segundos de un esfuerzo supremo tuya es la tierra y todo lo que en ella habita y lo que es más serás hombre hijo mío.... 4/30/2006 Luis Cernuda - PoemasTE QUIERO
Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena o iracundo como órgano impetuoso; Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles y sonríe en todas las cosas inocentes; Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo, tristezas fugitivas; Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes que se cubren de rubor repentino; Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra; te lo he dicho con el miedo, te lo he dicho con la alegría, con el hastío, con las terribles palabras. Pero así no me basta:
más allá de la vida, quiero decírtelo con la muerte; más allá del amor, quiero decírtelo con el olvido. CONTIGO ¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú. ¿Mi gente?
Mi gente eres tú. El destierro y la muerte
para mi están adonde no estés tú. ¿Y mi vida?
Dime, mi vida, ¿qué es, si no eres tú? No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante, porque ignoraba que el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe, una hoja cuya rama no existe, un mundo cuyo cielo no existe. La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas hasta abrirse en la piel, surtidores de sueño hechos carne en interrogación vuelta a las nubes. Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras, bastan para que el cuerpo se abra en dos, ávido de recibir en sí mismo otro cuerpo que sueñe; mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne, iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo. Auque sólo sea una esperanza porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe. Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados, mientras las manos llueven, manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas, cataratas de manos que fueron un día flores en el jardín de un diminuto bolsillo. Las flores son arena y los niños son hojas,
y su leve ruido es amable al oído cuando ríen, cuando aman, cuando besan, cuando besan el fondo de un hombre joven y cansado porque antaño soñó mucho día y noche. Mas los niños no saben,
ni tampoco las manos llueven como dicen; así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños, invoca los bolsillos que abandonan arena, arena de las flores, para que un día decoren su semblante de muerto. No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos. Inocencia primera
Abolida en deseo, Olvido de sí mismo en otro olvido, Ramas entrelazadas, ¿Por qué vivir si desaparecéis un día? Sólo vive quien mira
Siempre ante sí los ojos de su aurora, Sólo vive quien besa Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara. Fantasmas de la pena,
A lo lejos, los otros, Los que ese amor perdieron, Como un recuerdo en sueños, Recorriendo las tumbas Otro vacío estrechan. Por allá van y gimen,
Muertos en pie, vidas tras de la piedra, Golpeando la impotencia, Arañando la sombra Con inútil ternura. No, no es el amor quien muere.
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora; Donde yo sólo sea Memoria de una piedra sepultada entre ortigas Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos, Donde el deseo no exista. En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero En mi pecho su ala, Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento. Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida, Sin más horizonte que otros ojos frente a frente. Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo; Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, Disuelto en niebla, ausencia, Ausencia leve como carne de niño. Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido. PEREGRINO
¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje, Cansancio del camino y la codicia De su tierra, su casa, sus amigos, Del amor que al regreso fiel le espere. Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante, Disponible por siempre, mozo o viejo, Sin hijo que te busque, como a Ulises, Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope. Sigue, sigue adelante y no regreses, Fiel hasta el fin del camino y tu vida, No eches de menos un destino más fácil, Tus pies sobre la tierra antes no hollada, Tus ojos frente a lo antes nunca visto. 4/9/2006 Marta Juárez - Mujer¡Qué goce, tan humano... tan bueno,
saberse, sentirse, MUJER!... emborracharse de amores de rayos andariegos de luna, de aletear de deseos, de besos igual que palomas, de tu olor profundo de monte y de mar del sabor de tu sal y el azúcar de tu carne, y el calor del árbol de tus brazos apretando mi cintura!... ¡Qué delirio más loco, tan cuerdo
el cabello mojado sobre la piel desnuda, y el rumor del amor de las olas bañando el cuerpo de infinita ternura!... Ser la tinaja y el barro
Las manos que amorosas la hacen, la semilla de la idea que la crea el continente donde tus huellas quedan. y el polvo que corrompe tus anhelos. SER la izquierda en tu costado,
débil rama que nutres con tu savia, columna que en el torbellino te sostiene, dos que al Uno divide, mitad que te completa. Ser la tierra y el poema que la canta,
estandarte de tus luchas sin razón, fiel de la balanza que tus aguas aquieta, las urgencias de tus ansias, y el viento que te arrasa y multiplica!... SER dos y uno... extremos navegantes que se atraen y se buscan condición inexcusable para matar la soledad y lanzarnos a la aventura irreparable, de poder SER!... Edith Goel - Poema sin título.Numero los desencuentros
en mi cuerpo de mujer como los abalorios en una iglesia sin ventanas. Ven a mi cueva.
Me encontrarás suspendida entre corales devorando peces de otra fauna. Habrá también
una inquietante madreperla cerrada entre mis pechos. Ábrete sésamo.
Pronúnciame a tu Dios. Desde esta música danzante
quisiera hablarle a tus muertos a los pliegues de tu traje taciturno a tu felicidad guardada. Hay siempre una pérdida
un vacío en tu voz. Yo busco un safari y me encuentro con tu jaula. Gilberto Owen - Llagado de su amorHoy me quito la máscara y me miras vacío
y ves en mis paredes los trozos de papel no desteñido donde habitaban tus retratos, y arriba ves las cicatrices de sus clavos. De aquel rincón manaba el chorro de los ecos,
aquí abría su puerta a dos fantasmas el espejo, allí crujió la grávida cama de los suplicios, por allá entraba el sol a redimirnos. Iba la voz sonámbula del pecho combo al pecho,
sin tenerse a clamar en el desierto; ahora la ves, quemada y sin audiencia, esparcir sus cenizas por la arena. Iba la luz jugando de tus dientes a mis ojos,
su llamarada negra te subía de los hombros, se desmayaba en sus deliquios en tus manos, su clavel ululaba en mi arrebato. Ahora es el desvelo con su gota de agua y su cuenta de endrinas ovejas descarriadas, porque no viven ya en mi carne los seis sentidos mágicos de antes, por mi razón, sin guerra, entumecida, y el despecho de oírte: "Siempre seré tu amiga", para decirme así que ya no existo, que viste tras la máscara y me hallaste vacío. 3/26/2006 Amparo Pérez Gutiérrez - ViajeraCaminaba por calles que la ausencia vencía, caminaba por sendas bajo la tierra, “Metro” - decían los carteles de la ciudad sin nombre, donde todo cantaba en un lenguaje desconocido. Allí había de encontrarme con mi amante, (ese lobo feroz, esas gafas oscuras del eclipse, esos músculos tensos bajo la piel remota)
... La estela que deja el deseo en las sombras la amortiguada luz bajo la tierra, donde seres sin rostro deambulan sin saber o sabiendo qué mapas desdibujan nuestros pasos en la niebla de otra ciudad sin nombre, malévola y vencida donde no sé llamarlo y me pierdo, donde no sé seguirlo, y acecharlo, lunática, bajo alguna farola, una daga en la media...
Qué fila de botellas rompen en las esquinas sudorosos camastros y reyertas antiguas, donde solo navega perdiéndome la pista siguiéndome en las otras, rezagado, invisible sólo para mí....
Seguiré su rastro (huelo sus perfumes toco mensajes secretos difumino los rastros lavo las huellas) venderé su pipa, lo espero en la tiniebla,
y aullará mi amante para reconocernos bajo la luz nocturna de una ciudad malévola de donde volveremos sin sangre en el hocico, inocentes de todo asesinato,
y volveré a buscarlo bajo la luna tensa, (eclipsado tumulto el de sus ojos grises) bajo la luz perversa de una ciudad diurna donde juego a perderlo y el deseo no existe.
Delmira Agustini - PoemasÍNTIMA
Yo te diré los sueños de mi vida
en lo más hondo de la noche azul... Mi alma desnuda temblará en tus manos, sobre tus hombros pesará mi cruz. Las cumbres de la vida son tan solas,
¡tan solas y tan frías! Yo encerré mis ansias en mí misma, y toda entera como una torre de marfil me alcé. Hoy abriré a tu alma el gran misterio;
ella es capaz de penetrar en mí. En el silencio hay vértigos de abismos: yo vacilaba, me sostengo en ti. Muero de ensueños; beberé en tus fuentes
puras y frescas la verdad; yo sé que está en el fondo magno de tu pecho el manantial que vencerá mi sed. Y sé que en nuestras vidas se produjo
el milagro inefable del reflejo... En el silencio de la noche mi alma llega a la tuya como un gran espejo. ¡Imagina el amor que habré soñado
en la tumba glacial de mi silencio! Más grande que la vida, más que el sueño, bajo el azur sin fin se sintió preso. Imagina mi amor, mi amor que quiere
vida imposible, vida sobrehumana, tú sabes que si pesan, si consumen alma y sueños de olimpo en carne humana. Y cuando frente al alma que sentía
poco el azur para bañar sus alas como un gran horizonte aurisolado o una playa de luz, se abrió tu alma: ¡Imagina! ¡Estrechar, vivo, radiante
el imposible! ¡La ilusión vivida! Bendije a Dios, al sol, la flor, el aire, ¡la vida toda porque tú eras vida! Si con angustia yo compré esta dicha,
¡bendito el llanto que manchó mis ojos! ¡Todas las llagas del pasado ríen al sol naciente por sus labios rojos! ¡Ah! Tú sabrás mi amor; mas vamos lejos,
a través de la noche florecida; acá lo humano asusta, acá se oye, se ve, se siente sin cesar la vida. Vamos más lejos en la noche, vamos
donde ni un eco repercuta en mí, como una flor nocturna allá en la sombra me abriré dulcemente para ti. SOBRE UNA TUMBA CÁNDIDA «Ha muerto..., ha muerto...», dicen tan claro
que no entiendo... ¡Verter licor tan suave en vaso tan tremendo!...
Tal vez fue un mal extraño tu mirar por divino, tu alma por celeste, o tu perfil por fino... Tal vez fueron tus brazos dos capullos de alas...
¡Eran cielo a tu paso los jardines, las salas, y te asomaste al mundo dulce como una muerta! Acaso tu ventana quedó una noche abierta. -¡Oh, tentación de alas, una ventana abierta!-
¡Y te sedujo un ángel por la estrella más pura... y tus alas abrieron, y cortaron la altura en un tijeretazo de luz y de candor! Y en la alcoba que tu alma tapizaba de armiño,
donde ardían los vasos de rosas de cariño, la Soledad llamaba en silencio al Horror... EL VAMPIRO
En el regazo de la tarde triste
Yo invoqué tu dolor... Sentirlo era Sentirte el corazón! Palideciste Hasta la voz, tus párpados de cera, Bajaron... y callaste... y pareciste
Oír pasar la Muerte... Yo que abriera Tu herida mordí en ella -¿me sentiste?- Como en el oro de un panal mordiera ! Y exprimí más, traidora, dulcemente
Tu corazón herido mortalmente, Por la cruel daga rara y exquisita De un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto! Y las mil bocas de mi sed maldita Tendí á esa fuente abierta en tu quebranto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¿ Por qué fui tu vampiro de amargura ?... ¿ Soy flor ó estirpe de una especie obscura Que come llagas y que bebe el llanto ? 3/8/2006 Yoalli Ehecatl - Día Internacional de la MujerSaludos desde la Ciudad Sin Nombre:
Antes que nada deseo pedir una disculpa por esta larga ausencia. Necesidades, deseos y causas de fuerza mayor me impiden dedicarle tanto tiempo ahora a este espacio y a mantenerme en contacto con tod@s ustedes. Espero que puedan entenderlo.
En honor al día Internacional de la Mujer les hago entrega de un relato más de Teresa Dey. Espero que puedan conseguir ese libro que es sin duda uno de mis favoritos.
Por último les dejo una frace que leí en alguna ocasión en la revista LesVoz, en un compendio de poesía erótica.
“Mujer; ser vivo entre tanto ruido a cañería sucia”.
Atte. Yoalli Ehecatl… esa voz que se escucha en el viento nocturno... Teresa Dey -La historia de LilithLA HISTORIA DE LILITH
Para Ethel y Francesca, por que demuestran que Lilith tenía razón; y para Carmen Ros que habla con ella todas las noches.
Y creó Dios al hombre a su imagen,
a imagen de dios lo creó; varón y hembra los creó. Génesis 1:27 @
Yo soy Lilith, la innombrable, la Shejinah, la primera mujer de Adán. Soy mujer y soy demonio; el demonio del deseo, la mujer que se introduce en los sueños lúbricos, la de pubis de fuego; el demonio de la rebeldía, la mujer insumisa; el demonio de la libertad, la mujer nocturna de barro de la tierra; mis Lilim se han mezclado con las hijas de Eva. Los vástagos de Adán me niegan por que incapaz de reflejar mi imagen, soy espejo de sus miedos.
Su mirada se perdió en la búsqueda; hubiera querido traspasar montañas, atravesar vertientes, posarse sobre las alas de un pájaro, como colibrí robar una gota de miel de sus ojos. Sin embargo, la encontraba en un recuerdo lejano, y ahora, en sus sueños. Cada día deseaba permanecer dormido durante más tiempo para gozar de sus visitas. ¿Sería éste un nuevo castigo? Soñarse en aquellos brazos y al abrir los ojos, toparse con la imagen gastada de la mujer con quien debía permanecer hasta el fin de sus días. Ver ese abdomen hinchado, los senos caídos, las canas; respirar ese olor agrio, olor viejo. Él la amó, ¿la amó?; no recordaba, había pasado mucho tiempo...
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Dijo; “Sea la luz”. Y la luz fue; la separó de las tinieblas, hizo el día y la noche. Apartó las aguas; hizo que surgieran cielos, tierra y mares. Hizo florecer el verde, crecieron los árboles y dieron frutos. El sol y la luna aparecieron por su voluntad, alumbraron el día y la noche. Las aguas produjeron vida; los cielos se poblaron de aves; animales de variadas especies caminaron por la tierra. Durante el sexto día decidió crear al género humano. Tomó polvo y la tierra, los amasó y dio forma a un cuerpo masculino. Al mirarlo se vio reflejado; sin embargo, era un Él incompleto. De nuevo recogió tierra debajo de un olivo y polvo del desierto, los unió y modeló a la primera mujer. Al verlos, supo que juntos reproducían mejor su imagen. Sopló sobre ellos y les infundió vida. Los llamó Adán, que quería decir tierra, y Lilith, viento; esos elementos fusionados les habían dado origen. Les dio el poder de la palabra para que nombraran el universo. Les confió Su Gran Nombre y los bendijo para que viento y tierra multiplicaran su especie...
Hombre y mujer se miraron deslumbrados; no sabían hacía dónde dirigir la vista, si al cielo brillante, al verdor que los rodeaba, o a sus propios cuerpos, al cuerpo del otro o a Él, quien con una sonrisa se alejaba; debía descansar. Un mareo intenso de colores, olores y sonidos contrastaba con la leve brisa que acariciándolos les revolvía los cabellos. Lilith, piel verde olivo, negra guedeja, iris dorados. Adán, color arena, ébano en los ojos, rizos de madera de cedro. Frente a frente, comenzaron a explorar ese mundo nuevo que se les acababa de reglar y a cumplir con su única misión, poblarlo. Aprendieron a escuchar la voz del otro, oler las fragancias ajenas, tocar suavidades y asperezas, degustar néctares de piel. Adán y Lilith se conocieron. Durante los encuentros ambos experimentaron la revelación de esa Presencia Creadora que llevaban dentro. Juntos rodaron por los pastos del paraíso; Adán siempre quedaba sobre ella, aplastándola. Lilith intentaba invertir las posición pero él la inmovilizaba. Se le fue agotando el asombro, el peso del hombre era asfixiante. Levantó la vista, encontró una faz sonriente y satisfecha; sin embargo, ella se sentía atrapada en una rendija del Edén. Deseó tener alas, correr como antílope, rasgar cual pantera. Miró de nuevo hacia Adán y suspiró. Intuyó que debía haber otras maneras de unir esos maravillosos cuerpos nuevos. Le propuso al hombre un cambio; él se negó.
-Tú debes ir debajo-le dijo-;mira a tu señor hacia lo alto, con respeto.
-Mi señor es Elohim, no tú- respondió Lilith-;nosotros fuimos hechos del mismo material, bien podría yo estar sobre ti. -¿No ves acaso la diferencia?-dijo Adán. -Somos distintos pero iguales; Yahveh nos dio vida juntos-dijo Lilith con mirada de águila. -Mirame-dijo él-, soy como la luz del medio día, tú como la sombra de la tarde, fuiste creada después de mí, tu color lo dice. -Todos los colores de la creación se concentran en Adonai, Él nos ama por igual a ambos-lo retó. El hombre enronqueció, era más alto, más musculoso; podría someterla. -Me debes obediencia mujer-le dijo tomándola dela muñeca con una mano de tronco. -Mientes. Adonai, Elohim, Yahveh ¿dónde estás? Quiero saber si este hombre habla con verdad-suplicó. -¿Quién eres tú para interrogar al Creador? Si Él así lo hubiera querido te habría hecho más grande que yo, pero mira, con una sola mano puedo hacer que te postres ante mí-la increpó el hombre mientras tiraba de su brazo. -Solamente me postraré antes Yahveh-respondió Lilith; las piernas le temblaban por el esfuerzo, debía permanecer erguida. A cada palabra pronunciada por Adán, sentía que el jardín se encogía, los árboles la cercaban, cubrían la luz; el vaho de los animales humedecía la piel, restringía su más leve movimiento. Adán, violento, la tomó por los hombros, quería tenderla una vez más. Ella odió esas manos, espinos que le traspasaron la carne; se resistió con la rigidez aprendida de las rocas, pero un golpeteo que se le desbordaba en el pecho y una lluvia de aguijones se clavó en su espalda; el espacio se estrechó entre ambos. -Adonai, Elohim, Yahveh ¿dónde estás?-gimió. Sintió un tirón de cabellos, la proximidad de esa cara sudorosa, de ese aliento que se mezclaba con el de ella; quiso girarse para evadirlo pero él era más fuerte. Miró llena de rabia los del hombre, respiró hondo y pronunció el nombre secreto de Adonai: con sus doce, treinta y dos y setenta y dos letras a la vez. Adán retrocedió asustado. Ella había hecho uso del poder del nombre secreto; había recitado las letras que ni siquiera el detentador del Gran Nombre se atrevía a formular. Las palabras de Lilith liberaron los vientos, que se reunieron azotando a su paso cuanto encontraban; llegaron hasta posarse debajo de sus plantas y la levantaron- La negra cabellera de la mujer se agitaban en cien brazos; sus ojos dorados centelleaban sonrientes ante la mirada pueril del hombre; por fin podía respirar a sus anchas. El paraíso había resultado un sitio demasiado angosto para dos iguales. Se podía quedar Adán con sus animales y sus árboles; la creación era vasta, ya encontraría ella dónde vivir. Remontó sobre las praderas, se despidió de las cuatro vertientes del río que fluía a través de Edén. Voló hacía oriente, la luna menguante iluminó su camino. Sólo la intranquilizó ese calor que subía desde la parte inferior de su cuerpo; bajó la vista, su pubis se había convertido en fuego ardiente. Así viento en brazos de los cientos abandonó el paraíso.
Ella flotaba sobre las corrientes aéreas, con el halcón, recibía las caricias heladas de los bóreas y alcanzaba con una mirada los rincones de tierra y mar al alejarse de aquella planicie llamada Edén.
Yo la había visto antes, en compañía de Adán. Ambos fueron la creación última de Elohim, los había hecho a su imagen. Sin embargo. El barro tiene imperfecciones propias, y Yahveh quiso obligar a los espíritus puros a rendirle homenaje al hombre recién moldeado. Adán nos miraba desafiante, altivo, seguro de que Adonai los amaba por encima de sus otras creaturas. Muchos accedieron obedientes. Yo me negué. ¿Por qué habría de arrodillarme Samael ante este ser de barro y aire?
Ella era y no, la que había visto en el Edén. Coronada por los céfiros que revolvían sus cabellos nocturnos; cintura, pubis y piernas de fuego, incandescente. Volaba hacia el Mar Rojo. Su parecido al Señor me inspiró temor. Sentí que está otra mitad de la creatura sí merecía mi homenaje. Me miró lenta, trató de recordar mi nombre en vano, yo era un ángel caído. Suspiré a su oído la pregunta. Sus ojos amarillos respondieron. Decidí ofrecerle mi guarida. Jamás volvieron a verse sobre Zmargad semejantes ráfagas de luz. Conocía a la mujer Lilith sobre los vientos del Este que nos mecieron durante siete días y siete noches. Estallábamos en giros y vuelos circulares, provocábamos lluvias de estrellas, simulábamos cometas. Nuestras cópulas iluminaron las praderas y sus cavernas. Fuimos lunas carmesíes.
Samael había abrazado a la mujer viento y fuego. -Señor, Lilith salió de Edén volando y yo estoy solo. He intentado acoplarme con cabras de tersa piel, bec3erras gordas y burras dóciles pero no se tienden. Sin mujer no puedo acatar tu orden. Elohim, quiero que vuelvas a Lilith para servirte y hablarte como es debido.
Yahveh miró que Adán se hallaba compungido y solitario. Sintió pena por él. Llamó a Senóy, Sansenoy y Semangedolf para que buscaran a Lilith y la invitaran a regresar a Edén que era su lugar. El señor estaba dispuesto a olvidar su huida. Los ángeles la encontraron en las cavernas. Repitieron las palabras de Adonai y la conminaron a volver con Adán. Ella se rehusó; no quería volver a ver al hombre, no quería someterse a él.
-No puedo retornar, he roto el pacto, soy impura para pisar los pastos del Edén, acaso no han mirado a mis Lilim, ellas son mi descendencia, Zmargad es su tierra, les pertenece, como les pertenezco yo ahora, no quiero partir. -No puedo negarte, Elohim te lo ordena-dijeron los ángeles en trío. -Adonai es dulce como las uvas pero Adán es una raza que rasga y hace sangrar. Yo llamé a mi Señor y Él no me escuchó. No quiero volver a Edén. -Por tercera y última vez. ¡Lilith, regresa! -¿Acaso no saben que Elohim me regaló también la voluntad? Pues bien, hago uso de ella y me quedo aquí-respondió Lilith airada. -Si has decidió ser libre, deberás pagar las consecuencias de tus actos; vivirás y conservarás en tu rostro Su semejanza, por que Yahveh aún te ama, a pesar de que abandonaste el paraíso- dijo Senoy. -Pero no volverás a ver la faz de Dios por toda la eternidad, no disfrutarás de la luz del día- condenó Sansenoy. -No tendrás siquiera el consuelo de mirarlo en tu propia cara, no reflejarás tu imagen nunca más. Tu nombre y tu faz se volverán en tu contra- declaró Semangelof. Lilith sentía que millones de hormigas le caminaban por el cuerpo, que la sangre la abandonaba. El fuego hervía en sus entrañas. -Adonai, Elohim, Yahveh, ¿dónde estás?- clamó Lilith. -Él nos envió para llevarte con Adán-contestaron los tres. -Adán es culpable de que Elohim me abandone, él deberá pagar-rugió convertida en leona. -No podrás tocarlo; ni a su descendencia una vez que se haya celebrado el pacto con Jehová, ocho días después del nacimiento; mientras tanto, nosotros lo protegeremos-respondieron los ángeles. -Ustedes podrán cuidarnos por siempre, en su ausencia, en su descuido estaré yo-amenazó Lilith. -Si lo intentas siquiera frente a nuestros nombres morirán cientos de Lilim y te quedarás sola-sentenciaron los tres. -Sea-dijo Lilith-. Pero él pagará. -repetiremos ante Elohim tus palabras- conestaron Semangelof, Senoy y Sansenoy. -¿A qué repetirle algo que sabe ya?-gritó la mujer. Fuera, fuera de mi casa, de mis tierras, vayan a Edén a proteger al hombre. Volaron los ángeles preocupados por ese don que Dios había otorgado a estos seres corpóreos; al albedrío podría convertir a esas nuevas creaturas en perpetuos proscritos. Lilith bajó la cabeza para contener las cascadas de agua salada que brotaban de sus ojos. Esa noche, el Mar Rojo se desbordó mientras ella murmuraba: -Elohim, Adonai, Yahveh ¿dónde estás? Adán dormía plácidamente confiado en Yahveh. Elohim se le acercó sin hacer ruido, acarició sus rizos y lo sumió en un sueño más profundo aún. Le extrajo la quinta costilla, el barro no había fraguado del todo y era maleable. Las hábiles manos de Dios modelaron a una mujer más parecida al hombre que a Él mismo. Le dio una alma inmortal y la libertad. La aderezó con una tiara de flores y la llmó Eva, que quiere decir en lenguaje humano fertilidad. Despertó al hombre y le acercó la nueva mujer diciéndole: -Esta es Eva, tu compañera, es sangre de tu sangre y hueso de tus huesos. Es tan similar a ti que no podrás separarte de ella, ni ella de ti. Deberás tener buen cuidado de mostrarle todo el huerto. Pero recuerda, no deberán comer ni tocar el árbol de que se encuentra en el centro del jardín; de hacerlo, morirán- sentenció Yahveh. Adán miró a la creatura nueva, la llamo Varona, pues de varón había salido; vio que era dócil y mansa como camella y se alegró. La tomó de la mano y le fue enseñando los nombres con que había de llamar a todos los frutos y animales del paraíso. El hombre habló a Dios y se aprestó a servirlo encima de su nueva mujer.
El vacío de Lilith se ahondaba cada noche; yo al menos la tenía a ella y veía la semejanza en su imagen. Juntos alimentábamos una hoguera en la que Adán tendría que caer. El hombre era un ser habitado por la soberbia y Yahveh no parecía notarlo.
Pensábamos que si demostrábamos al Señor que Adán podía volverse en su contra, Elohim sabría que Lilith y yo habíamos actuado con justicia, nos perdonaría y podríamos volver a gozar de su presencia. Lilith insistía en la sabiduría absoluta del Creador; de día que con sólo una mirada, Adonai comprendería que había diso Adán quien se había interpuesto. Pero ella no podía acercarse al paraíso, ya que cada una de las puertas estaba custodiada. Por los ángeles enviados. No obstante, yo sí lograría introducirme en Edén. Después de todo, Senoy, Sansenoy y Semangelof eran viejos conocidos. Yo sabría burlarlos. La soberbia de Adán quedaría al descubierto.
Fue así que me introduje en la piel de la serpiente, trepé en el árbol que se hallaba justo en el corazón del huerto y me dispuse a esperara al hombre.
Eva era más curiosa que Adán; sus ojos, más nuevos que los de él, se maravillaban tan a menudo de la grandeza de la creación que se negaba a cerrarlos aún por las noches, abstraída en las formas estelares, en el caminar de los animales nocturnos, en el roció del amanece sobre los pétalos de las flores. Ella se acercaba más al árbol, lo rondaba extasiada. No fue difícil convencerla de que se aproximara más. Al verme preguntó: -¿Quién eres tú que vives entre las ramas del árbol prohibido? -Me llaman veneno de Dios-contesté. -¿Eres tal vez el guardián del árbol? -No lo soy-respondí. -Entonces, ¿por qué no mueres, si el creados nos ha dicho que con solo tocar las hojas del árbol caeríamos fulminados por su rayo? -Acércate, toca, verás que nada sucede-afirmé. Eva apenas rozó las hojas y se escondió la mano, estupefacta comprobó que seguía ilesa. Se le llenaron los ojos de agua. -¿Elohim... mintió? -Para Yahveh no es necesario que Adán y tú tengan la ciencia de reconocer el bien frente al mal, los quiere en la inocencia-sentencié. -¿Por qué? -Porque podrían enfrentarlo. Él no desea que dudes. Ustedes tienen el don de elegir, podrían optar por el mal-le dije. -¿Cómo podríamos buscar el mal si estamos hechos a su imagen y Él es todo bien? -Adán está moldeado en barro y tu de su costilla; no son si no arcilla débil y maleable a Sus designios y así seguirán, a menos que conozcan el sabor de la sabiduría-me burlé. -Somos hombre y mujer, la creación última... casi como Él. -Casi... pero no del todo-respondí. -Sí comemos de este árbol seremos además sabios como Él. ¿cómo podríamos equivocarnos? -Entonces prueba...-le tenté. -¿Seríamos como dioses? -Por así decirlo. Alargó la mano, cortó un fruto y lo mordió. Sus ojos adquirieron un brillo de hielo. Miraba a su alrededor asustada. El velo de vello que la cubría se desprendió. Había comprendido que la naturaleza recién creada no era continuación de su piel. Supo Eva que podría crear, modificar y destruir... Apareció Adán que la buscaba. Antes de que ella pudiera proferir palabra, él vio la fruta en su mano y la increpó. -¿Que hiciste Eva? ¿Cómo te atreviste a comer del árbol? ¡Nada te ha sucedido!... Muéstrame el fruto-Se lo arrancó de entre los dedos. Eva se quedó muda, no podía explicarle con las palabra para él conocidas. Solamente le dijo: Sé cosas que ignoraba. Veo cosas que tú no ves... -Mientras, tú provienes de mí. No puedes conocer más que yo-respondió Adán. -Aun así, sé. Adán, tengo miedo... -¿Miedo? ¿Que es el miedo? Habla mujer. ¿Por qué te mueves como las hojas del sauce al atardecer? -Tiemblo porque tengo miedo y frío, estoy desnuda-respondió Eva. -¿Desnuda? ¿Qué dices?-preguntó mientras se acercaba a ella con mirada de ocelote. -El fruto del árbol otorga sabiduría, sé que estoy desnuda. Yahveh lo sabrá también. -¿Sabes tanto como Yahveh? -Pregúntale a la víbora. El hombre levantó la vista, me miró enredado en el árbol. Mordió el fruto que tenía en la mano y dijo: -Yo también quiero ser como Él... Adán y Eva tejieron hojas de higuera para cubrir su desnudez; desde que fueron creados nunca había sentido necesidad de proteger sus cuerpos.
Al escuchar el murmullo de la presencia de Dios, corrieron a ocultarse, habían desobedecido y dentían todas las piedras del paraíso sobre sus hombros. Yahveh los llamó. -Estamos desnudos-contestaron. -Han comido del árbol prohibido. Adán ¿por qué desobedecieron?-dijo Eliohino con vos de relámpago. -Señor, la mujer que me diste por compañera me dio del arbol y yo comí-respondió Adán de inmediato. Elohim se dirigió entonces a Eva: ¿Qué has hecho? -La serpiente me engañó-contestó asustada. Entonces Yahveh miró a Samael y lo maldijo: -Por cuanto esto hiciste, maldito serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás y polvo comerás todos los días de tu vida. Samael, nadie puede mostrarme el camino a seguir, Yo soy tu Señor. Y volviéndose hacia el hombre y la mujer dijo: -Deberán salir de Edén. No quiero que prueben del árbol de la vida. Eva, tú sentirás que se te abre el cuerpo al parir a tus hijos, obedecerás a tu hombre. Adán, habrás de labrar la tierra, arrancarás espinas y abrojos. Y volverán al polvo del que han sido formados-musitpo con tristeza mientras se alejaba. Desde hoy tendrán conciencia de su finitud, conocerán la muerte, pretenderán evitarla en vano. Enterrarán a sus muertos, inventarán rituales. De poco les servirá el conocimiento, mientras más sabios, mas sufrirán por sus perdidas, no podrán curar el dolor por que excederá sus cuerpos. No encontrarán el sitio que punza. Ese será su castigo. Mandó que se les entregaran unas pieles de animales para que se cubrieran y ordenó al ángel de la llamada de las espadas remolineantes que guardara la gran entrada del Edén.
Más allá de las tierras colindantes con el paraíso se escuchó una risa como alud de piedras. Era Lilith. Al escucharla, Adán pensó: “lilith nunca hubiera comido del fruto”, y siguió caminando mientras Eva iba tras él. El cielo se tornó gris, una tormenta centelleante los cubrió. Yahveh estaba triste. La pareja caminó durante tres días y sus noches. Al amanecer del cuarto día, escampó. Supieron que allí debían parar. Ésas eran sus tierras. Cuando Samael regresó a Zmargad, se arrastraba cansado y polvoriento. Lilith lo recibió distante.
-¡Por qué no me creíste cuando te dije que Adonai lo sabría todo? No puedo evitar los aleteos de los colibríes en mi garganta al observar la forma en que hiciste caer a la pareja de Éden. Sin embargo, también escuché al Terrible. Solamente Él y yo conocíamos esa mitad oscura. Siento su dolor como aguijones de abejas ciegas que quisieran salir de mi cuerpo, su decepción no me alegra. Mira la lluvia. No nos perdonó-Supo que samael no podría responderle y sin embargo hizo la pregunta-, ¿cómo podré vivir sin sentir de nuevo su presencia? Adonai, Elohim, Yahveh, ¿dónde estás? Al disponerse a descansar en su nuevo hogar, Adán notó un brote de sangre que partía de entre las piernas de Eva; lo supuso un castigo, era la muestra de su impureza; ella no lo había mencionado, temerosa de que éste fuera el medio que Jehová hubiese elegido para que muriera. Sin embargo, al tercer día el sangrado se detuvo. El hombre se acercó a la mujer y la conoció por primera vez en tierra inhóspita. A los pocos meses el vientre de Eva se infló, sus pechos crecieron y son aullidos de lobo dio a luz al primer niño nacido de mujer. Lo llamó Caín. Toda vía conservaba la imagen pero era pequeño y lloraba. A Eva le brotaban rios de leche de los pechos, el niño bebió, dejó de llorar y se quedó dormido. Adán no acertaba a comprender la concepción de esa pequeña creatura, era Eva quien debía dar la vida, ella quien alimentaba al nuevo ser, en su vientre se hallaba el futuro de la humanidad; sin embargo, Eva y el niño eran frágiles. A él correspondía solamente sembrar la simiente. Se asustó ante semejante descubrimiento, debía proteger a su descendencia. Eva era madre, de su cuerpo había brotado vida y con eso le bastaba; estaba atada a este pequeñísimo hombre por la enredadera más fuerte. Dejó de prestar atención a lo que Adán hacía mientras ella admiraba la tez brillante de su crío y lo ofrecía a Jehová. Después nacieron Abel y Set. Con cada alumbramiento la carne de Eva envejecía, se aflojaba. Pero no conoció el verdadero dolor, la rajadura del cuerpo, si no la muerte de Abel y el destierro de Caín; entonces comprendió el significado del castigo impuesto por Yahveh. Eva lloró tanto que se hizo más pequeña, casi como una nuez, encorvada y reseca como tierra árida.
A cada desgracia escuchaba la lamentación de Adán: -Si tú no hubieras comido del árbol... Ella bajaba la cabeza y callaba, no tenía nada que decir, nada que repararía la pérdida. Por esos tiempos, Lilith, dolorosamente bella y eterna, comenzó a rondar los sueños del hombre; quería mirar de nuevo la semejanza; quiso atraerlo a su universo onírico para poder asomarse por los ojos de Adán y ver al menos la sombra de Adonai. Pero encontró tan sólo a un anciano de setecientos años, medio calvo y estriado, de enorme nariz y grandes orejas pobladas de pelos blancuzcos; que se gozaba en sus sueños y sonreía desdentado pero que no podía darle nada a cambio, ni la más leve imagen, el tiempo se la había robado. Lilith comprendió que había perdido la oportunidad de ver la faz de Dios, que estaba condenada a buscarla por toda la eternidad hasta que Elohim se dignara a volver a mirarla.
Por medio de sus sueños guió al hombre hasta su estanque, a las orillas de Zmargad. Adán, que había caminado un largo trecho, tuvo sed; al inclinarse a beber creyó que lo que el espejo de agua reflejaba era un animal que él había olvidado nombrar, pero al reconocer los movimientos paralelos gritó; se observaba aterrado, se tentaba la cara y los brazos sin poder creer lo que veía. Huyó del Lugar despavorido, ésa no podía se su imagen. Entonces no sóloEva, sino también él había cambiado.
No enm los cien años que le restaron de vida pudo Adán olvidar esa cara decrépita; ni las palabras de Lilith susurradas en un vientecillo suave al su oído entre tintineos de risa: -Mi imagen no refleja por no verlo a Él en mí, pero tú lo has perdido también. ¿A qué reflejarse para mirar lo que tú viste? ¿Dónde está tu belleza Adán? ¿Y tu soberbia? Dentro de poco serás sólo polvo. Parece que después de todo, Adonai nos amó por igual. El Señor Todopoderoso es justo. Adonai, Elohim, Yahveh, ¡aquí estoy! Este cuento fue extraído
del libro <<Mujeres Transgresoras>> de Teresa Dey. Editorial OCEANO. ISBN-970-651-050-8 t2/19/2006 Yoalli Ehecatl - SolosSaludos desde la Ciudad Sin Nombre:
Antiguamente este cuento se encontraba en la página de la muy estimada Sandra Becerril, pero debido a que también hay mucha gente con talento que merecen un espacio, la amiga Sandra se los otorgó como a mi en su momento y por lo cual estoy muy agradecido. Ahora lo publico en este espacio para que puedan leerlo.
Atte. Yoalli Ehecatl… esa voz que se escucha en el viento nocturno…
Eran las 4 de la mañana y Marcos seguía despierto. Era increíble como podían hacerse los días minúsculos y las noches eternas, más cuando sólo esperaba a que llegara el día para poder realizar sus actividades, que eran lo único que lo mantenía a flote, y peor cuando en lo único que pensaba era en Clara. El saberse ya sin su amor, el tener que lidiar con todo el amor que aún sentía, hacía de su existencia una verdadera tortura. Dormir ya no era un consuelo para él, incluso en sueños ella aparecía, ya fuera haciéndole sufrir o siendo ella víctima del sufrimiento.
En la pared que daba a su cuarto se escuchaba el rítmico golpeteo de la cama de Susana, su vecina, lo cual hacía aún peor el momento. -¿Y ahora qué? – se preguntaba – ¿ahora qué me queda hacer?,¿cambiarme de ciudad?,¿pegarme un tiro? Encima no tengo ni siquiera a alguien que me acompañe. Incluso soy tan pendejo que yo podría estar ahora con Susana, pero ¡No!, ¿cómo va a ser posible?, el señor intelectual con una “ignorante”, ¡no, claro que no!, el señor “sabe-lo-todo” debe estar solo con personas de su calibre, de su intelecto, aunque no lo amen… ¡aunque no lo amen!
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En el departamento de al lado, Susana estaba con… con quien fuera, no era necesario saber o recordar nombres si lo que necesitaba era olvidar otros, llenar un vacío que otros no desean ocupar, pero tenía que reconocer que este chico sabía hacer lo que estaba haciendo, también había que reconocer que haya accedido a tener relaciones con la luz apagada en tiempos en que la imagen es fundamental. Su cuerpo estaba ahí, haciendo pareja en ese vaivén rítmico que le daba un sucedáneo de lo que ella realmente deseaba. Su mente no estaba demasiado lejos, de hecho, estaba a solo medio metro de distancia, en el cuarto de Marcos, por que con este chico estaba teniendo sexo, pero en su mente hacia el amor con Marcos.
Marcos, mi delicioso Marcos –pensaba - si solo pudiera hacerte ver lo que puedo darte, si solo te interesaran algunas cosas pequeñas en vez de “grandes”, si aceptaras lo poquito que puedo darte… Marcos, mi Marcos… Yo no puedo hablarte como tus amigas de arte, ni sé de ciencias, ni puedo usar sus palabras enredosas ni siquiera un dibujito en un papel… pero puedo hablarte de cosas, por que sé como cantan las aves, por que sé como curan las yerbas, por que me sé todos los cuentos que contaba mi abuelito y sé tejer como lo hacía mi abuelita, yo sé trabajar duro como lo hacía mi padre, pero dar abrazos tiernos como los de mi madre… ¿ves Marcos?, sé cosas, muchas cosas, pero tú no lo sabes ver… - Al pensar esto, los ojos de Susana se llenaron de lágrimas, se apretó más fuerte al cuerpo del chico y puso más energía a sus movimientos. El chico no notó la diferencia.
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¿Y que hará el señor intelectualoide?, ¿de qué chingados sirve saber tanto si no te sirve para que te quieran?, ¿de qué carajos sirve “saberlo todo” si no eres feliz?... ¿de qué sirve, si ni siquiera eres capaz de aceptar a una persona que desea estar contigo, por muy distinto que seas?... –Marcos giró en la cama, quedó viendo hacia la pared que colinda con la recamara de ella y se tapó con la sábana -Ay Susana, perdóname, yo sé que me amas a pesar de que me he hecho el loco, de que te he hecho ciertos desaires. Yo sé que me quieres, pero yo estoy enamorado de alguien más… sé que fui un pendejo al rechazarte… pero si más adelante me das la oportunidad, podríamos salir, conocernos más, es posible que con el tiempo olvide a Clara y que pueda quererte a ti… - Con estos pensamientos se quedó dormido.
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Susana despertó a las 6 de la mañana, el chico ya se había ido, y con él, la única posibilidad de no sentirse sola, lo peor, es que al haberse ido solo recalcó el vacío que había venido sintiendo desde hace meses, meses en los que Marcos solo la había hecho sentir inferior. Se levantó y fue al baño, hacia algo de frío por que había dejado abierto el balcón para que refrescara un poco el apartamento, que de día parecía horno por el clima del verano. Regresó a la cama, se sentó en ella y se abandonó a sus sentimientos. El llanto empezó a fluir a torrentes por su rostro. De haber habido alguien a quien le importase en ese momento no habría podido hacer algo para consolarla.
Sin percibirla, Libélula llegó hasta su cama, subió de un salto y quedó al lado de su rostro como tratando de saber que le sucedía, como si fuera una vieja amiga que deseaba consolarla. Libélula es la gatita pinta de Marcos, pero extra oficialmente más de Susana que de él. Los dos la cuidan y también los dos la alimentan, es por eso que Libélula es una gatita medio gordita, muy juguetona y cariñosa con Susana, pero huraña con Marcos, a veces cuando él quería tomarla le soltaba zarpazos, incluso prefería dormir fuera o en el departamento de Susana que con él.
Susana tomó a Libélula y la abrazó, a cambio ella le lamió el brazo con su rasposa lengua. Después de unos minutos se calmó, se sentó en la cama y besó a Libélula, la cual traía un collar nuevo con una placa con su nombre. Según el sentir de Susana algo faltaba, algo básico para cualquier gatita con collar; un cascabel, lo único que tenía ella, parecido a eso, era una de esas bolitas de plata que sonaban, ya habían pasado de moda, por ende ya no la usaba. Tomó la bolita y se la añadió al collar. - Te ves preciosa Libélula, eres la gata más bonita que conozco… y eres lo único que existe entre él y yo…- Susana volvió a llorar, abrazó a la gatita que mansamente se dejó y que emitió un maullido casi inaudible.
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Marcos se despertó a las 5:30am por el ruido que hizo el chico al salir del departamento de Susana. Por instinto se asomó por la ventana para verlo. El chico era joven, parecía que se cuidaba yendo al gimnasio a diario, eso confundió un poco a Marcos sin desanimarlo.
Marcos decidió ir a hablar con ella ese mismo día, pero era muy temprano para ello, aunque también muy tarde para poder volver a conciliar el sueño, así que se puso a escuchar música, se puso ropa deportiva para que cuando dieran las 7:30am saliera junto con Susana a correr como ya era su costumbre. Pero dieron las 8:00am y ella no salió.
Pues claro que no va a salir, después de lo que pasó hace rato debe de estar muy cansada, ¡menso!- se reprochó Marcos. Dieron las 9:00am y ella no daba muestras de salir de su casa y él deseaba hablar con ella, hablar de cualquier cosa… Dieron las 10:00am y su desesperación ya era muy grande. Pensó que hacer, pero no se decidía, así que después de mucho hacerlo decidió no pensar más y actuar. Tomó la llave de emergencia que Susana le había dado por cualquier cosa o problema que hubiera. Pensó en entrar a su departamento con la intención de buscar a Libélula, la cual no había dado señales de su presencia en días, claro que no era cierto, pero tenía que pretextar algo.
El plan ya no se veía tan sencillo estando en frente de la puerta del departamento de Susana. Así que tocó, pero no contestó. Era lógico, así que tocó de nuevo, pero sucedió lo mismo, así lo hizo 5 veces, lo cual era demasiado, pues en otras ocasiones había abierto a la tercera vez que se le tocaba. Tomó la llave y entró al departamento. Algo en la mesa llamó su atención, eran varios sobres dirigidos a varias personas, entre ellos estaba uno con su nombre. Algo no le gustó de esto, pues ella no había salido con el chico, él vio cuando se fue… en ese momento sintió miedo. Tocó la puerta de la recámara de Suzana, pero no abrió. Giró la perilla y abrió la puerta… En medio del cuarto, balanceándose, colgado de una cuerda del techo, estaba el compacto cuerpo desnudo de Suzana. Libélula se acercó a marcos y ronroneando se talló contra sus pies.
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Una semana después, el Ministerio Público le dio a Marcos un sobre amarillo con una fotocopia de la carta que Suzana le escribió. Marcos se fue a su casa se sentó en la cama, abrió el sobre con manos temblorosas, su mente lo bombardeaba con la sensación de que estaría llena de reproches. Sacó la carta y solo tenía tres palabras: “ME QUEDARÉ CONTIGO”.
Libélula se le acercó haciendo sonar su bolita de plata, se acostó en el regazo de Marcos y se puso a ronronear.
FIN |
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